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Menopausia precoz. Artículo del Dr. Palacios.

Lunes, 3 de Mayo de 2010

Dr. Santiago Palacios. Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Publicado en Revista MG.

El ciclo de la menopausia.

La menopausia es una etapa normal en la vida de la mujer y supone la retirada de la menstruación y el fin de la edad fértil. Su ciclo natural comienza a partir de los 40 años, cuando la funcionalidad de los ovarios empieza a declinar (premenopausia). Este hecho se acentúa alrededor de los 45 (perimenopausia) y surgen los primeros síntomas indicativos de que el cese definitivo de la menstruación está cercano, como son los sofocos y la irregularidad de los ciclos menstruales. Alrededor de los 50 años, los ovarios dejan de realizar sus dos funciones principales -la producción de óvulos y la secreción de hormonas- y la mujer deja definitivamente de menstruar. La última regla o menopausia se confirma a los doce meses de ausencia de menstruación; a partir de ahí se inicia la etapa postmenopáusica.

¿Qué es la menopausia precoz?

Algunas mujeres pueden verse sorprendidas por la interrupción de sus ciclos menstruales a una edad inusualmente temprana. Hablamos entonces de menopausia precoz, un desorden caracterizado por el cese de la función ovárica antes de cumplirse los 40 años de edad. Este hecho hace que las mujeres pierdan su capacidad reproductiva antes de tiempo y que las enfermedades propias de edades más avanzadas se manifiesten de manera temprana. En cuanto a los síntomas, son los mismos que con la menopausia ocurrida en el ciclo normal, aunque al tratarse de mujeres más jóvenes pueden llegar a ser más intensos: sofocos, insomnio, irregularidad de los ciclos menstruales, cambios de humor, irritabilidad, disminución del deseo sexual, aumento de peso, etc. Varios estudios han demostrado que las mujeres con menopausia precoz tienen menor masa ósea que las que han tenido la menopausia de forma natural (entre un 13 y un 20% menos de densidad ósea en columna).

Causas de la menopausia precoz

• Causa desconocida: los médicos hablamos de enfermedad idiopática cuando se desconocen sus causas, como ocurre en la menopausia precoz. El hecho de que en algunas familias se de con mayor frecuencia este fallo prematuro, hace suponer que pueda deberse a anomalías genéticas o factores de tipo hereditario.
• Ooforectomía: cirugía para extraer ambos ovarios, que puede ir acompañada o no de histerectomía o retirada quirúrgica de la matriz. Este hecho provoca una disminución drástica de los niveles hormonales y, como consecuencia, la llegada de la menopausia de forma inmediata, en lugar de gradualmente. Las mujeres a las que sólo les ha sido retirado el útero pero no los ovarios, no sufrirán una menopausia precoz, ya que continúan produciendo hormonas. Basta que quede sólo un ovario, o incluso parte de uno de ellos, para que las hormonas se produzcan en cantidad suficiente.
• Enfermedad autoinmune: la mujer nace con todos los óvulos de los que va a disponer durante toda su vida, denominados folículos primordiales. En cada ciclo menstrual entre 15 y 20 de estos folículos se desarrollan, aunque sólo uno de ellos alcanzará la madurez y llegará a ovular. Debido a un fallo en el sistema inmunitario (defensas del organismo), los anticuerpos atacan de modo equivocado los folículos todavía inmaduros en los ovarios, llegando a destruirlos.
• Tratamientos de quimioterapia y radioterapia, que pueden afectar a las células ováricas y a los folículos.

Prevención

La menopausia precoz es prácticamente imposible de prevenir, ya que se desconocen sus razones. Sin embargo, en la actualidad existe un estudio realizado en los EEUU en el que se ha descubierto el gen que regula la activación folicular de los ovarios. Este gen, denominado Foxo3a, es el encargado de controlar el número de folículos que se desarrollan y hace que la mujer disponga de óvulos a lo largo de su vida fértil. Con este descubrimiento, se podría predecir las mujeres que son susceptibles de padecer este trastorno y así poder planificar su maternidad antes de que se queden sin óvulos.

Diagnóstico y tratamiento de la menopausia precoz

Además de la historia clínica del paciente, el médico solicitará un estudio analítico completo para comprobar los niveles hormonales en sangre y emitir un diagnóstico certero. En ciertas ocasiones puede resultar conveniente repetir varias veces esta analítica, ya que no siempre el fallo ovárico es definitivo.

La menopausia precoz requiere un tratamiento de sustitución hormonal que permita restaurar los niveles hormonales y compensar el déficit estrogénico (no debemos olvidar que son mujeres jóvenes con larga expectativa de vida y que no tienen los efectos protectores de los estrógenos en su organismo). De esta manera se ayuda a evitar que aparezcan enfermedades típicas de la menopausia, como son la osteoporosis y la enfermedad cardiovascular. En algunos casos se pueden utilizar anticonceptivos de baja dosis como alternativa a la terapia hormonal. Además, existe actualmente en el mercado un parche de testosterona, que resulta muy eficaz para el tratamiento de la disminución del deseo sexual en mujeres con menopausia debido a la realización de una ooforectomía.

El seguimiento médico resulta fundamental, por lo que si detectas cualquier defecto o retraso en la menstruación, acude cuanto antes a tu ginecólogo para que pueda realizar el diagnóstico adecuado.

Papiloma Humano. Presentación.

Viernes, 16 de Abril de 2010

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Salud Sexual. Presentación.

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La hormona del deseo.

Jueves, 15 de Abril de 2010

Dr. Santiago Palacios.  Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid. Revista MG.

La mujer y el sexo

Desde hace más de diez años venimos observando una considerable evolución en la forma en que las mujeres perciben y expresan su sexualidad. Cada vez más mujeres mayores de cuarenta años y que tienen dudas sobre su vida sexual acuden a nuestras consultas: les preocupa e inquieta las dificultades y los problemas a los que se enfrentan en su forma de vivir el sexo, ya que lo consideran una parte importante y muy significativa de sí mismas.

Los ginecólogos hemos tenido que estudiar detalladamente el mecanismo de las hormonas femeninas, para así entender el funcionamiento de la respuesta sexual de la mujer.

Las hormonas sexuales femeninas

El estrógeno es la hormona sexual femenina más importante. Suele acompañar a la serotonina, la oxitocina, la dopamina y otras sustancias químicas que ayudan a la sensación de bienestar. El estrógeno va de la mano de la progesterona que, aún siendo ésta menos importante, sirve para regular y contrarrestar algunos efectos de los estrógenos. El estrógeno es responsable de la excitación, de la sensación de bienestar y plenitud, entre otras funciones.

La testosterona es la hormona masculina más característica y es la responsable de la energía física, el humor, el tono muscular, la fuerza y el impulso agresivo. No obstante, también es una hormona segregada por los ovarios y las glándulas suprarrenales de las mujeres (aunque en menor proporción que en el hombre) y su presencia contribuye a despertar el deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres. La testosterona es la responsable de los mecanismos de seducción,  interviene en el juego sexual previo y en la capacidad para atraer y cautivar a la pareja sexual.

La cantidad de hormonas sexuales va cambiando durante la vida de la mujer, alcanzando su plenitud durante la pubertad y su menor nivel tras finalizar la menopausia. Con la edad y debido a estos cambios hormonales,  la vagina se vuelve menos elástica y va perdiendo ese color rosado tan característico, la lubricación va siendo menor y las contracciones del orgasmo también son menos intensas. Se tarda más tiempo en  conseguir  excitación y en llegar al punto crucial del orgasmo, pero no se pierde nunca la posibilidad de experimentar el placer físico sexual.

La respuesta sexual en la mujer

Las mujeres tienen una respuesta sexual a nivel fisiológico muy similar a la de los hombres: experimentan, como ellos, deseo, excitación, orgasmo y por último la sensación de bienestar físico. Sin embargo, existen algunas diferencias que conviene tener en cuenta para entender mejor la sexualidad femenina. Así, en esta respuesta sexual femenina interviene, no sólo la excitación física, genital u objetiva, sino también la excitación subjetiva. Por tanto, los trastornos del deseo sexual o de la libido en la mujer no siempre son debidos a factores biológicos.

Tipos de trastorno sexuales

Para que una alteración sexual se defina como un trastorno, debe causar preocupación personal.

-       Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo: hace referencia a la deficiencia o ausencia recurrente de fantasías, pensamientos sexuales y/o deseo o receptividad a la actividad sexual.

-       Trastorno de Excitación Sexual: incapacidad persistente o recurrente de alcanzar o mantener la excitación sexual suficiente, lo que podría expresarse como falta de excitación subjetiva o genital (lubricación, hinchazón) u otras respuestas somáticas.

-       Trastorno orgásmico: dificultad persistente o recurrente, retraso en o ausencia de orgasmo después de una estimulación y excitación sexual suficiente.

-       Dispareunia: dolor genital recurrente o persistente asociado al coito.

-       Vaginismo: espasmo involuntario recurrente o persistente de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere en la penetración vaginal.

¿Cómo se abordan los problemas del deseo sexual en una Unidad de Disfunción Sexual?

Esta unidad dispone de varios especialistas, tales como sexólogos, ginecólogos, psicólogos clínicos y enfermeras especializadas en terapias sexuales. Se intenta dar una visión global del problema, de tal manera que se puedan estudiar todos los aspectos que afectan, por lo general, a la vida sexual individual y de pareja.

Las pruebas que suelen hacerse en estas unidades no sólo se basan en un examen físico y en técnicas de laboratorio, sino que tienen en cuenta los criterios subjetivos y la salud sexual auto-percibida de la paciente y su pareja sexual. Para ello se recurre a dos cuestionarios, uno sobre función sexual y otro sobre preocupación sexual, además de realizar una entrevista clínica, que es de suma importancia.

Opciones de Tratamientos

Dentro de los tratamientos farmacológicos cabe destacar la terapia de estrógenos, la terapia de testosterona, la tibolona, la medicación contra el dolor y los anti-depresivos. También existen tratamientos físicos locales, como los lubricantes, la fisioterapia y los aparatos para la dilatación vaginal.

En cuanto a los tratamientos psico-sociales, destacaremos el trabajo corporal, la terapia individual breve, la terapia sexológica individual y de pareja y las intervenciones sociales.

Recientemente ha salido al mercado un parche transdérmico de testosterona para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo. Sin embargo, la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) sólo ha autorizado su uso para mujeres a las que se les han extirpado los ovarios (ooforectomizadas) y que, como consecuencia de esta extirpación, no tienen pensamientos ni deseos sexuales, produciéndoles malestar. La dosis diaria recomendada de testosterona para el tratamiento de este trastorno es de 300 microgramos. Para alcanzar esta dosis, el parche se aplica dos veces por semana de forma continuada. El parche debe remplazarse por uno nuevo cada 3-4 días y se deben alternar los lugares de aplicación, dejando un intervalo de 7 días como mínimo entre aplicaciones en una misma zona. Sólo se puede llevar un parche a la vez.

Como puedes ver, existen diferentes opciones muy eficaces para tratar los trastornos sexuales. Contrariamente a como se pensaba hace años, llegar a cierta edad no supone renunciar a vivir una sexualidad madura y plena. Acude a tu especialista, él podrá recomendarte la mejor opción.

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Cuando la falta de deseo sexual es una preocupación

Jueves, 15 de Abril de 2010

Cuando la falta de deseo sexual es una preocupación.

Rosario Castaño.

Un 27% de mujeres europeas, entre 40 y 80 años de edad, manifiestan falta de deseo e interés sexual. El trastorno del deseo sexual hipoactivo es uno de las disfunciones sexuales femeninas más comunes y las que más se consultan en ginecología.

El deseo sexual es, en gran parte, el responsable de que las relaciones sexuales sean atractivas, que se esperen con gran expectación e ilusión los encuentros íntimos con nuestra pareja y  se quiera repetir la experiencia una y otra vez. El deseo nos acerca a la otra persona, aumenta la tensión y favorece la excitación; en esa búsqueda de amor y sexo se encuentra un placer tanto físico como emocional que nos transmite energía, da sentido a la vida y aunque, comprobamos que ese deseo nunca llega a satisfacerse del todo, precisamente, es eso lo que favorece y mantiene la tensión amorosa.

Este deseo sexual tiene influencia en el estado físico y en el estado de ánimo y a su vez, su ritmo va a estar marcado por el estado de salud general tanto física como mental y por la buena comunicación con nuestra pareja.

Cuando alguien dice esta frase castellana tan hermosa “tengo ganas de verte, tengo ganas de sexo contigo” es porque se encuentra lleno de energía, sin embargo cuando se presenta algún conflicto personal o problema de salud, el deseo va desapareciendo y se instala la desgana, parece que relacionarse requiera demasiado esfuerzo y el cansancio físico y mental se apodera y contamina toda la relación.

Vivimos en una sociedad donde se ha establecido la idea de que el sexo es bueno y saludable a cualquier edad, se pueden tener relaciones sexuales satisfactorias durante toda la vida; la sexualidad cambia con la edad pero no tiene por qué convertirse en una sexualidad problemática; en general todo lo relativo a la sexualidad despierta grandes expectativas, sin embargo no es cierto que el sexo sea bueno siempre, a veces es un impedimento y un estorbo, una forma de enfrentarnos a una serie de dificultades y problemas, por eso muchas parejas van evitando o postponiendo lo encuentros sexuales, porque estas relaciones se han ido impregnando de problemas, algunos podrán ser evitables, otos inevitables pero, en todo caso, preocupan y afectan a la buena marcha de la relación.

Hay múltiples causas de inhibición del deseo sexual:

  • Problemas de pareja y de convivencia
  • Pérdida de atracción física
  • Falta de confianza y complicidad con la pareja
  • Preocupaciones personales y familiares
  • Malas experiencias sexuales anteriores
  • La pareja ha dejado de ser un buen amante
  • Pereza sexual
  • Enfermedades crónicas
  • Toma de determinados fármacos
  • Depresión y ansiedad
  • Menopausia quirúrgica
  • Trastornos hormonales en el período de transición a la menopausia y en la menopausia.
  • Problemas de salud o sexuales de la pareja

Se pueden dar alguna de estas causas en cualquier etapa de la vida pero a partir de los 50 años, edad media de la menopausia, es cuando se están dando más casos de divorcio, las mujeres maduras se sienten más seguras y libres a la hora de tomar decisiones, perciben los cambios físicos, saben expresar sus deseos y quieren vivir la vida de una forma más intensa; aparte de sus experiencias personales y de todos los cambios familiares que se suelen dar en este período, también sus niveles hormonales van variando, lo que provoca cambios físicos y psíquicos.

Hay una relación directa entre los cambios hormonales, los cambios físicos, la edad, el estado de ánimo y el deseo sexual. Ellas lo expresan muy bien cuando vienen a consulta, no todas tienen los síntomas propios de la menopausia pero las que los presentan buscan el modo de aliviarlos.

Las mujeres que presentan un trastorno de deseo sexual hipoactivo nos cuentan que notan como si tuviesen el cuerpo anestesiado, no sienten nada, no les apetece acariciar ni ser acariciadas, no tienen pensamientos ni fantasías sexuales, ni espontáneas ni provocadas, no se sienten deprimidas, simplemente no tienen ganas de sexo y además, no entienden el motivo pues no hay problemas con la pareja, están como agotadas, sin fuerzas, sin energía, no se sienten ni femeninas ni atractivas. Les preocupa esa falta de interés sexual porque ven que su relación se va deteriorando y no quieren llegar a la separación.

Una distinción clara:

La testosterona es la hormona sexual por excelencia y su disminución brusca provoca falta de deseo, de energía y de sensación de bienestar.

La falta de estrógeno provoca sequedad vaginal, escozor y dolor en la relación.

Es importante que si tienes falta de deseo sexual y te preocupa, lo hables abiertamente con tu pareja y si lo ves necesario, con tú médico.

Puedes hacerte las siguientes preguntas:

En el último mes:

  1. ¿Cuántas veces he tenido ganas de tener relaciones sexuales?
  2. ¿Me he sentido descontenta por mi poco interés sexual?
  3. ¿Me he sentido totalmente indiferente con respecto al sexo?
  4. ¿Tardaba mucho en excitarme?
  5. ¿Me he sentido decepcionada por mi falta de deseo sexual?
  6. ¿He llegado al orgasmo con facilidad?
  7. ¿He sentido sequedad vaginal y dolor en la penetración?

Hacerse preguntas sobre nuestra actitud sexual y nuestra vida sexual nos ayudará a sentirnos más vivas y con más capacidad de control; es muy frecuente que nos enfrentemos al problema, primero mirando a otro lado tipo “aquí no pasa nada” o bien escondiendo la cabeza tipo “ya se resolverá sólo” y dejemos pasar el tiempo poniendo obstáculos de forma inconsciente pero, el sexo como todo lo delicado requiere que lo cuidemos y lo mantengamos vivo con un buen estado de salud y mucha imaginación.

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El ejercicio en la menopausia, por el Dr. Palacios

Sábado, 10 de Abril de 2010

EL EJERCICIO EN LA MENOPAUSIA. Revista MG.

Doctor Santiago Palacios. Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid. España.

La menopausia conlleva múltiples cambios en el organismo de la mujer. La actividad física y el ejercicio durante esta etapa juegan un papel muy importante, no solo a nivel estético, sino también previniendo o mejorando algunas enfermedades, así como aumentando la fuerza, el vigor y el bienestar.

Beneficios del deporte para la mujer menopáusica

  1. Conserva la figura femenina: Alrededor de 20-30 minutos de ejercicio diario puede ayudarte a mantener tu peso e incluso a disminuirlo. Se estima que a partir de los 30 años y hasta los 60, las mujeres pueden ganar aproximadamente medio kilo por año. Este incremento resulta significativo si lo sumamos durante años. ¡Ponte en marcha!
  2. Ayuda al buen funcionamiento de los órganos vitales: el ejercicio físico facilita la eliminación de las sustancias de desgaste de los riñones, hígado, pulmones, piel, etc. También ayuda a la movilidad intestinal y a un mejor control de la diabetes mellitus.
  3. Huesos sanos: los ejercicios de levantamiento de peso han demostrado ser eficaces para prevenir y mejorar la osteoporosis, ya que el mantenimiento de la masa ósea está relacionado con la contracción muscular y la acción de la gravedad. Incluso se puede llegar a generar hueso nuevo: investigaciones recientes sugieren que las fuerzas mecánicas actúan sobre las células generadoras de hueso, para formar nuevos huesos que se adapten a la carga mecánica.
  4. Beneficios cardiovasculares: el deporte facilita la circulación de la sangre con arterias y venas sanas y elásticas. Se ha demostrado que reduce el nivel de colesterol “malo” (LDL) y aumenta el “bueno” (HDL), mejora la hipertensión y protege contra la arterioseclerosis y las enfermedades coronarias. Los estudios sugieren, además, que sólo una de cada veinte mujeres deportistas tiene sofocos en la menopausia, frente a una de cada cuatro mujeres que no realizan ejercicio.
  5. Prevención de la fatiga y alteraciones del sistema nervioso: El ejercicio físico consigue una respiración amplia, con gran capacidad pulmonar, que aporta gran cantidad de oxígeno a la sangre. También libera endorfinas (sustancias generadas en el área cerebral que disminuyen el dolor y aumentan el estado de ánimo). Por consiguiente, el deporte puede aliviar los síntomas de la ansiedad, el estrés, la depresión, la irritabilidad, los cambios de humor y la reducción del deseo sexual. El ejercicio, además, produce una mayor cantidad de melatonina, hormona que ayuda a regular el sueño.
  6. Mejora la coordinación y la movilidad, previniendo así las caídas y aumentando nuestra agilidad y los reflejos.

Cómo elegir un programa de ejercicio

Cuando vayas a elegir el ejercicio a realizar, debes tener en cuenta tu edad, si eres sedentaria o practicas ejercicio regularmente y si padeces o no enfermedades importantes. Tu médico te dará el visto bueno una vez que haya realizado un reconocimiento y basándose en tu historia médica.

Si no has realizado ejercicio desde hace tiempo o nunca lo has hecho, es aconsejable que empieces el programa lentamente, con sesiones de dos a tres veces por semana y con una duración de entre 20 y 30 minutos cada una. Puedes ir aumentando el tiempo o el esfuerzo de tus ejercicios una vez que tu cuerpo se haya adaptado completamente al nivel anterior.

Tipos de actividades

Para trabajar tu cuerpo de forma integral resulta recomendable combinar diferentes tipos de actividades, en lugar de realizar una sola. Por ejemplo, debido a que la fuerza de la gravedad se reduce en la natación, para contribuir al aumento de la masa ósea es preferible realizar carga de peso o subir escaleras. Sin embargo, la natación es formidable para obtener beneficios cardiovasculares sin sobrecargar las articulaciones, aumentando además la elasticidad y la resistencia.

  • Actividad aeróbica: caminar, trotar, correr, nadar, gimnasia de mantenimiento, bailar, bicicleta, etc. Son actividades excelentes para quemar grasas y beneficiar el sistema cardiovascular. No olvides que caminar regularmente, preferiblemente a ritmo de marcha (algo más rápido que el paso normal), como mínimo 3 veces a la semana, es uno de los mejores y más completos ejercicios físicos que existen. Además en verano ya no tienes excusa: ¡Aprovecha y da largos paseos por la playa!. La arena y el agua del mar son muy beneficiosos para activar la circulación y combatir las antiestéticas varices.
  • Flexibilidad: aumentar la flexibilidad resulta beneficioso fundamentalmente para proteger de las lesiones. El pilates y el yoga están muy indicados para ello, siendo además relajantes y divertidos de practicar.
  • Fuerza: mancuernas, pesas, barras y aparatos estáticos disponibles en salas de musculación.

Consejos sobre el deporte

  • Precalentamiento y recuperación: Normalmente debe realizarse de 5 a 10 minutos de precalentamiento, consistiendo éstos en ejercicios de extensión y flexión. Por otra parte, deberá emplearse el mismo tiempo en ejercicios de recuperación y respiración, una vez finalizada la actividad.
  • Tomar el pulso: será un método de determinar tu estado físico; cuanto mejor sea éste, más despacio latirá tu corazón. Debes tomarte el pulso nada más terminar la actividad física y contar durante 10 segundos. Multiplica el número de pulsaciones en esos 10 segundos por 6 para obtener el pulso por minuto. En general, la frecuencia de pulso durante el ejercicio deberá ser de 120-130/pm.
  • Duración de los ejercicios: recuerda que para que el ejercicio físico nos proporcione todos sus beneficios, tenemos que practicarlo regularmente como parte integral de nuestra vida y al menos durante 30 minutos.

Más fácil de lo que crees

Una de las principales excusas que argumentamos para no hacer ejercicio es el ajetreado estilo de vida que llevamos y que apenas disponemos de tiempo para practicar deporte.  Piensa que si no haces ejercicio de manera regular, tu tiempo se acortará de todas formas en el futuro, ya que repercutirá en tu salud y afectará a tu calidad de vida.

Además, podemos convertir nuestras actividades diarias en tiempo para realizar ejercicio. Algunos ejemplos pueden ser subir escaleras en lugar de utilizar el ascensor,  aparcar el coche algo más lejos del sitio al que realmente vamos, bajarnos en la estación de metro anterior, aprovechar para hacer estiramientos o caminar mientras hablamos por teléfono, etc.

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Osteoporosis en los hombres

Jueves, 8 de Abril de 2010

Revista MG. Osteoporosis, ¿es una enfermedad solo de la mujer?

Dr. Santiago Palacios. Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid.

Definición de osteoporosis y cifras

El hueso es un tejido vivo compuesto por una red de tejido colágeno, en cuyo interior se encuentran depósitos de minerales tales como calcio, fósforo, sodio, magnesio y potasio. Contrariamente a lo que se cree, los minerales de los huesos no son componentes inertes ni permanecen fijos, sino que realizan un proceso de intercambio y reemplazo continuos. Este proceso se denomina remodelación ósea y consiste en la destrucción de hueso antiguo (resorción) y la formación de hueso nuevo. Cuando existe un desequilibrio entre estos dos procesos con predominio de la destrucción, se produce la osteoporosis.

La osteoporosis, que literalmente significa “hueso poroso”, es una enfermedad que se caracteriza no sólo por una disminución de la masa ósea (cantidad de hueso), sino también por un deterioro del tejido óseo que empeora su calidad. Así, los huesos se tornan más frágiles y aumenta la probabilidad de que ocurran fracturas. Esta pérdida de hueso es indolora y progresiva, por lo que se trata de una “enfermedad silenciosa”. No suele haber síntomas, hasta que se producen las primeras fracturas.

En España, la osteoporosis afecta a un 35% de mujeres mayores de 50 años, porcentaje que se eleva a un 52% en las mayores de 70 años. En la mujer osteoporótica, las vértebras, la muñeca y la cadera son las zonas con más riesgo de presentar fractura. Una de cada 5 mujeres de más de 50 años tiene al menos una fractura vertebral debida a la osteoporosis y cerca de un 20% de mujeres con fractura de cadera fallecen por esta causa. Los últimos estudios relativos a esta enfermedad señalan que más del 50% de las pacientes que ingresan en el hospital debido a una fractura de cadera, tenían fracturas vertebrales anteriores no diagnosticadas.

La osteoporosis ha sido considerada clásicamente como una enfermedad del sexo femenino, debido a la menor incidencia de ésta en el hombre. Los motivos de esta menor prevalencia en el hombre que en la mujer, son los siguientes:

-       En su juventud, el hombre alcanza entre un 8% y un 10% más de pico de masa ósea que la mujer. Por tanto, tiene más masa ósea para perder a lo largo de su vida.

-       No sufren una disminución brusca de hormonas sexuales, como ocurre con las mujeres durante la menopausia, y por tanto la pérdida ósea en el hombre se produce de una manera lenta y gradual, a menos que se den otros factores que aceleren este proceso y que veremos más adelante.

-       Su esperanza de vida es menor

La importancia del diagnóstico

Al ser la osteoporosis una enfermedad que no provoca síntomas, debe ser diagnosticada lo antes posible, para así ayudar al paciente a elegir el mejor tratamiento y evitar las complicaciones que surgen con las fracturas. El único método que permite un diagnóstico con seguridad es la densitometría ósea. Se trata de una prueba completamente indolora, cuyo resultado se conoce en el momento, que tan sólo dura 5 minutos y en la que se utiliza una muy baja dosis de Rayos X. Según la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF), las densitometrías están infrautilizadas en la mayoría de países europeos.

Factores de riesgo

El médico debe tener en cuenta, además, los factores que pueden aumentar el riesgo de osteoporosis, como son: el sexo y la edad (simplemente el hecho de ser mujer, y más aún si es de raza blanca, ya constituye un factor de riesgo), antecedentes familiares de esta enfermedad, estar excesivamente delgado, hábitos de vida poco saludables (fumar más de 20 cigarrillos al día, el consumo excesivo de café – más de tres tazas diarias- o de alcohol, vida sedentaria, etc.), la menopausia temprana (antes de los 45 años), alteraciones tiroideas y la ingesta de medicamentos con corticoesteroides, entre otros. Todo ello, unido a  signos de alarma como pueden ser el aumento de la curvatura de la espalda o las fracturas ante caídas leves, aportan una información clave para sospechar de una osteoporosis.

Estilo de vida y prevención

Para prevenir la osteoporosis es fundamental mantener un estilo de vida saludable:

-       Una dieta adecuada rica en calcio y vitamina D: el calcio se ingiere a través de la leche y sus derivados. Los pescados grasos (sardinas, arenques, salmón, atún, etc.) contienen vitamina D y con una exposición moderada al sol se ayuda a sintetizarla.

-       Ejercicio físico moderado, principalmente aquellos que favorezcan la musculatura, como caminar durante 30-40 minutos diarios, gimnasia practicada dentro del agua, subir escaleras, pesas, etc.

-       Prevenir las caídas, ya que son la causa principal de fractura en pacientes con osteoporosis.

Tratamiento

En la actualidad existen medicamentos que no sólo frenan la evolución de la osteoporosis, sino que en muchos casos ayudan a recuperar algo de la masa ósea perdida. Sin embargo, uno de los principales problemas de la osteoporosis es el incumplimiento o abandono del tratamiento, que en España se sitúa en más de un 60% de las mujeres, debido principalmente a que se trata de una enfermedad asintomática. A este respecto, es importante realizar una labor de concienciación para que no se abandone la medicación, además de animar a los pacientes a que acudan a su médico para saber el estado de sus huesos.

Causas de osteoporosis más específicas en el hombre

En la actualidad, el número de hombres osteoporóticos es desconocido, aunque sabemos que es frecuente que a partir de los 70 años tengan osteoporosis. Existen, además de los factores de riesgo comunes a ambos sexos mencionados anteriormente, una serie de factores específicos en el hombre que hacen que la probabilidad de padecer osteoporosis aumente, como es la castración quirúrgica debido a un cáncer de próstata o el hipogonadismo (incapacidad de los testículos para producir espermatozoides, testosterona o ambos).

El aumento del riesgo de fractura ocurre aproximadamente una década más tarde en el hombre que en la mujer (a los 60-65 años en la mujer y a los 75 años en el hombre), debido a que el varón tiene más masa ósea. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el riesgo de que un hombre presente una factura osteoporótica a lo largo de su vida es mayor que la probabilidad de desarrollar un cáncer de próstata y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años tendrá una fractura relacionada con la osteoporosis en lo que le reste de vida.

Estos datos, unidos a que la morbilidad y mortalidad debido a la fractura de cadera es mayor en el hombre que en la mujer, resaltan la importancia de un diagnóstico precoz también en el varón.

Conocer los riesgos es un primer paso para prevenir y combatir la osteoporosis. Si tienes alguna duda, pregunta a tu médico.

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