Archivo de la categoría ‘sexologia’

Presentación del libro “La Terapia Sexual, una mirada relacional” de Rosario Castaño

Martes, 10 de Abril de 2012

La presentación del libro “La Terapia Sexual, una mirada relacional” de Rosario Castaño tuvo lugar el 24 de febrero de 2012 en el centro Ágora Relacional de Madrid, con la participación de Alejandro Ávila (Presidente de honor del Instituto Ágora Relacional), Froilan Sánchez (Presidente de la sección de sexualidad de la SEMERGEM), Rosa Velasco (Psicoanalista), Carlos Rodríguez (Presidente del Instituto Ágora Relacional) y Rosario Castaño (Autora del libro, Vicepresidenta del Instituto Ágora Relacional y Directora del departamento de Psicología y Sexología del Instituto Palacios).

Día europeo de la salud sexual

Jueves, 9 de Febrero de 2012

Entrevistada por motivo del día europeo de la salud sexual que se celebra el 14 de febrero, la directora de los departamentos de psicología clínica y sexología del Instituto Palacios, la doctora Rosario Castaño, destacó la importancia de mejorar la calidad de información y formación que ofrecen los profesionales sobre la materia en España.

Según Castaño, la salud sexual sigue siendo un tema tabú en muchos aspectos, “creemos que estamos muy informados, pero en realidad no somos capaces de asimilar todo lo que llega a nuestras casas, a través de Internet, televisión, revistas, y otros medios” indicó la psicóloga.

La autora del libro “La Terapia Sexual. Una mirada relacional”, que se presenta el próximo 24 de febrero en Madrid, considera que, al menos en España, es importante mejorar la formación en materia de salud sexual que se ofrece a los jóvenes en los centro educativos

“Cuando los jóvenes están bien informados adquieren mayor capacidad de decisión y realizarán menos actividades sexuales de riesgo”, señala Castaño.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la Salud Sexual como “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social. No es sólo la ausencia de enfermedad o de disfunciones, la salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Estos derechos sexuales agrupan a todas las personas y deben ser respetados, protegidos y cumplidos”.

“LA TERAPIA SEXUAL. Una mirada relacional”. Nuevo libro de Rosario Castaño

Miércoles, 18 de Enero de 2012

Presentación del libro: próximo viernes 24 de febrero, a las 20:00 horas, en el centro Ágora Relacional (c/Alberto Aguilera nº10,  Madrid.

Librerías en las que podrá encontrar el libro: Psicoterapia Relacional Ediciones

Para obtener más información sobre el libro puede ponerse en contacto con el Instituto Palacios a través de su Web

Sobre la autora: Rosario Castaño

Cubierta_La terapia sexual_Autora_Rosario CastañoEste libro es una introducción al estudio de la sexualidad y el tratamiento de los problemas sexuales partiendo de la base de que el Psicoanálisis forma parte de la mitología occidental, sin embargo ha sufrido grandes transformaciones desde sus orígenes debido a los avances científicos sobre el funcionamiento del cerebro y la motivación del ser humano, así como los nuevos estudios sobre la técnica psicoterapéutica.

Aborda la terapia sexual desde el marco teórico del Psicoanálisis Relacional y de las técnicas sensoriales propuestas por la Sexología clásica. Nos acerca a la sexualidad como un aspecto de la subjetividad y por lo tanto los problemas sexuales han de ser tratados como un aspecto de su vida adulta, pues  la sexualidad “no es la voz de la infancia”, aunque posee ecos del pasado y desde ahí el paciente es un adulto que puede tener un gran potencial humano, capaz de encajar los secretos, conflictos y paradojas que presenta la vida erótica.

El Psicoanálisis y la Sexología han sido dos disciplinas que han transcurrido en paralelo desde principios del siglo XIX. Por una parte,  las terapias sexuales inspiradas en la sexología clásica de Masters y Jhonson y Kaplan, se basan en que las disfunciones aparecen dentro de la relación de pareja y centran el tratamiento en la vida sexual de la misma, los temas sexuales forman parte del “saber de todos los días”, y si no se disfruta del sexo, es porque se ignoran las reglas biológicas, no se ha recibido una adecuada información, la educación sexual ha sido insuficiente o muy restringida, o se debe a problemas de  comunicación de la pareja.

El psicoanálisis por otro lado, podría considerarse como “no-sexología”, Freud no fue un sexólogo, él investigaba sobre psicosexualidad y no concretamente sobre vida sexual. Relacionó el instinto sexual con el instinto de saber, con la curiosidad infantil, dudas y preguntas que el niño se plantea sobre la escena primaria, la diferencia sexual anatómica, el origen de los niños, el nacimiento, o la concepción sádica del acto sexual; sin embargo, esta necesidad de saber suele chocar con el hecho de que la sexualidad  pasa a ser algo que no tiene que ver con “el saber de todos los días” sino con “el saber sobre uno mismo y sobre los otros”.


Rosario Castaño (Alicante, 1957) Es psicóloga clínica, sexóloga y psicoterapeuta de formación psicoanalítica. Desarrolla su actividad profesional como Directora del Departamento de Psicología Clínica y Coordinadora de la Unidad de Sexología del Centro Médico Instituto Palacios en Madrid.

Es miembro de IARPP (International Association for Relational Psychoanalysis and Psychotherapy), de IARPP-España (Sección Española de la Asociación Internacional para la Psicoterapia y el Psicoanálisis Relacional), del IPR (Instituto de Psicoterapia Relacional), del Colectivo GRITA (Grupo de Investigación de la Técnica Analítica), de AEPS (Asociación Española de profesionales de la Sexología), y miembro fundadora de la FEMyS (Fundación Española Mujer y Salud)

A lo largo de su trayectoria profesional siempre se interesó por la clínica en general y por la sexología clínica en particular, participando en investigaciones, congresos nacionales e internacionales y en diversas publicaciones.


La integración de la agresividad y la ternura como factor que activa y mantiene el deseo sexual (Also available in english /2nd part)

Lunes, 4 de Julio de 2011

Congress Title:

Changing psychoanalysis for a changing society: Relational perspectives

IARPP ; Annual Conference

Madrid, June 29-July 2 2011


Rosario Castaño Catalá

La integración de la agresividad y la ternura como factor que activa y mantiene el deseo sexual

Resumen:

El deseo sexual, fue y sigue siendo, el más irrefutable, obvia y unívocamente social (Bauman). Aunque se regula por el placer, la fantasía, la realidad, la experiencia personal, y las respuestas mutuas que la pareja desarrolla dentro de una relación; siempre se siente observado por las normas y prohibiciones del grupo familiar y social de pertenencia, con el que se identifica.

El deseo, la forma de vivir la intimidad, y lo que significa ser mujer o ser hombre en toda relación sexual, son producto de su tiempo, y están en permanente evolución:

a) Para la época de Freud, el sexo era algo degradante, una amenaza para la conducta civilizada; la sexualidad era la expresión de tensiones pulsionales internas, totalmente aislada de las otras dimensiones de las relaciones interpersonales; se estudiaba el sexo, sólo como búsqueda de placer, y sólo se reconocía una libido, la masculina, que solía coincidir con el varón, en una sociedad patriarcal, donde era el único al que se le permitía tener y expresar libremente su sexualidad.

b) En nuestra sociedad postmoderna, de la globalización (Beck, Todorov) y  del “amor líquido” (Bauman) se estudia el sexo como una búsqueda, tanto de placer como de relación entre los sujetos sexuados, que se viven como tales, con todas sus consecuencias que son muchas; entre otras, sus maneras de desear y de convivir como amantes que se encuentran, se buscan, y se desean. En esta sociedad, heredera “del mayo del 68” los modelos usuales de lo masculino y lo femenino, no tienen porque coincidir con el hombre y la mujer y esto tiene consecuencias en la dinámica del deseo, aunque permanezcan aún desconocidas, por ser muy recientes.

En la clínica, hay un aumento de demanda de disfunciones sexuales, entre las que está la falta de deseo sexual. La falta de deseo incide directamente sobre la forma de experimentar placer, no sólo como falta de excitación, también como incapacidad de conectarse emocionalmente con el otro, a quien se evita o se rechaza, impidiendo la comunicación espontánea. Se parte de una vivencia compartida  y de un conflicto personal que surge o se desarrolla dentro de una relación de intimidad; no obstante, mientras el placer se experimenta y se analiza como algo compartido; el sufrimiento, aunque, en interacción con el otro, se tiende a percibir y a analizar como algo personal y aislado.

Las reacciones ante la falta de deseo sexual, se suelen manifestar como sufrimiento en forma de conflicto, dudas y peleas con uno mismo, con un estado de ánimo que, muchos llaman aburrimiento, como algo más ligero que la melancolía y menos peligroso que la tristeza.

Al igual que entiendo el deseo como un dispositivo mental, un estado de ánimo y también como un síntoma de vida, aceptando plenamente el compromiso que supone implicarse en el hecho de vivir, con sus complejidades y sus riesgos, me planteo la falta de deseo sexual como un síntoma, no como clasificación de una disfunción o trastorno sexual; que suele ir acompañada de un estado de preocupación, incertidumbre y angustia.

Me planteo el estudio de la sexualidad desde la integración de dos dimensiones: la sensual y la sexual, entendiendo la primera como expresión de la ternura y la segunda como manifestación de la agresividad; y las relaciones sexuales como la capacidad para desarrollar y mantener estas dos dimensiones permitiendo, por una parte, la integración del self, y por otra, la capacidad de sostener el deseo en relación con el otro.

Todo encuentro sexual está plagado de una mezcla de componentes agresivos y tiernos que la pareja, recién estrenada, suele manifestar de forma espontánea pero, a medida que esa relación va entrando en lo cotidiano, esos mismos componentes se pueden ir disociando, inhibiendo el impulso agresivo que facilita el acercamiento sexual, y matizando los gestos de ternura, con actitudes familiares desprovistas de toda sensualidad; produciéndose, así,  el comienzo de dificultades sexuales dentro de una relación de pareja estable. No es el aburrimiento el causante de la falta de interés sexual, sino la inhibición de determinados impulsos que impiden una vivencia novedosa e intensa de los encuentros sexuales.

———————————————————————————————–

The integration of aggression and tenderness as a factor that activites and maintains sexual desire.

Abstract:

Sexual desire was and remains the most irrefutable, obvious and uniquely social (Bauman). Although regulated by pleasure, fantasy, reality, personal experience and the mutual responses that a couple develops into a relationship, it always feels observed by the rules and prohibitions of the family and social group to which it belongs, with which it identifies.

Desire, the way to live privacy and the meaning of being a woman or a man in any sexual relationship, are a product of its time and they are constantly evolving:

a)    Freud’s epoch: sex was something degrading, a threat to civilized behavior. Sexuality was an expression of internal instinctual tensions, totally isolated from the other dimensions of interpersonal relationships. Sex was considered only as a pleasure-seeking, and only male libido was recognised, which used to match the male in a patriarchal society, where he was the only one allowed to have and freely express his sexuality.

b)    In our postmodern society of globalization (Beck, Todorov) and “liquid love” (Bauman), sex is studied as a search of both pleasure and a relationship between sexed-gendered subjects, which is experienced as such with all its consequences (among others, their way to desire and to live like lovers who meet, seek, and desire each other). In this society, heir “of May 68”, standard models of masculinity and femininity do not have to necesarily match men and women and this has consequences on the dynamics of desire, although they still remain unknown for being very recent.

In clinical practice, there is increased demand for sexual dysfunctions, among which is the lack of sexual desire. The lack of desire has a direct impact on the way to experience pleasure, not only as lack of arousal, but also as inability to connect emotionally with others, who are avoided or rejected preventing from spontaneous communication. It starts from a shared experience and a personal conflict that arises or develops within an intimate relationship. Nevertheless, while pleasure is experienced and analyzed as something shared, suffering tends to be perceived and analysed as something personal and isolated, although in interaction with others.

Reactions to the lack of sexual desire are often manifested as suffering in the form of conflict, doubts and quarrels amongst ourselves, with a mood that many call boredom, like something lighter than melancholia and less dangerous than sadness.

As I understand desire as a mental device, a mood and as a sign of life, fully accepting the commitment that is involved in the fact of life, with its complexities and risks, I consider the lack of sexual desire as a symptom, not as a classification of sexual dysfunction or disorder, which is often accompanied by a state of concern, uncertainty and distress.

I approach the study of sexuality from the integration of two dimensions: the sensual dimension and the sexual dimension, understanding the former as an expression of tenderness and the latter as a manifestation of aggression; and sexual relationships as the ability to develop and maintain these dimensions allowing, on the one hand, the integration of self, and on the second hand, the ability to sustain desire in relation to the other.

Every sexual encounter is fraught with a mixture of aggressive and tender parts that the couple, at the beginning, often manifests spontaneously. However, as that relationship is coming into daily life, those components can be dissociated by inhibiting the aggressive impulse that facilitates the sexual approach. The gestures of affection are clarified with family attitudes deprived of any sensuality, leading to the beginning of sexual difficulties within a stable relationship. Boredom is not the cause of the lack of sexual interest, but the inhibition of certain impulses that prevents from a new and intense experience of sexual encounters.

Keywords:

Postmodern society, globalisation, liquid love, sexual desire, inhibited desire, family and social group, social and sexual changes, tenderness, aggression, sensuality, sexual, self and conflicts.

Learning objectives:

a) The sexual desire always feels observed by the rules and prohibitions of the family and social group to which it belongs, with which it identifies. In clinical practice, there is increased demand for sexual dysfunctions, among which is the lack of sexual desire.

b) Boredom is not the cause of the lack of sexual interest, but the inhibition of certain impulses (tenderness and aggression) that prevents from a new and intense experience of sexual encounters.

References:

  • Bauman, Zygmunt; (2010) La globalización, Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, 5ª reimpresión
  • Bauman, Zygmunt; (2009) Amor Líquido, Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica, 5ª reimpresión
  • Beck, Ulrich; (2006) la sociedad del riesgo, Amor, violencia, guerra. Siglo XXI, España, México, Argentina
  • Bleichmar, Silvia;(2007) Paradojas de la sexualidad masculina. Paidós, Psicología Profunda, Buenos Aires
  • Colina, Fernando; (2006) Deseo sobre deseo, Cuatro ediciones
  • Freud, Sigmund; Tres ensayos para una teoría sexual, tomo II, Obras completas, Biblioteca Nueva, 4ª edición, 1981, Trad. De Luis López-Ballesteros
  • Freud, Sigmund; Sobre una degradación general de la vida erótica. Tomo II, Obras completas, Biblioteca Nueva, 4ª edición, Trad. De Luis López-Ballesteros.
  • Sigmund, Freud; Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, La feminidad. Tomo III, id.
  • Gómez Zapiaín Javier; (2009) Apego y sexualidad, entre el vínculo afectivo y el deseo sexual. Alianza Editorial.
  • Lichtenberg, Joseph; y Shapard, Barbara; (2001) El odio rencoroso y vengativo y sus recompensas, una visión desde las teorías motivacionales. Aperturas psicoanalíticas, Nº 8.
  • Mitchell, Stephen A; (1988) Conceptos relacionales en psicoanálisis, una integración, Siglo XXI editores, edición en español 1993, de la primera edición en inglés 1988
  • Mitchell, Stephen A; (2002) Can love last? The fate of romance over time, W.W. Norton, New York, London
  • Pardo, José Luis; (2004) La intimidad, Pre-Textos
  • Sternberg Robert J; y Sternberg Karin; (2010) La naturaleza del odio. Paidós, Barcelona, México, Buenos Aires
  • Talarn, Antoni (comp.) (2007) Globalización y salud mental. Herder
  • Todorov, Tzvetan; (2008) Wl miedo a los bárbaros, Más allá del choque de civilizaciones. Galaxia Gutenberg, Circulo de Lectores
  • Tubert, Silvia; (2010) La sexualidad femenina y su construcción imaginaria. Librería de mujeres Editoras, Buenos Aires, 2ª Edición

El deseo sexual y la menopausia

Lunes, 9 de Mayo de 2011

En el deseo sexual intervienen varios componentes:

1) El impulso físico modulado por:

-La edad

-La salud física y

-Las hormonas sexuales.

2) La motivación modulada por:

-La salud mental

-Las experiencias previas y

-La calidad de la relación

3) Las normas y prohibiciones del grupo familiar y el grupo social.

El deseo sexual es tanto una experiencia particular subjetiva como un fenómeno psicosocial que va cambiando a lo largo de la vida de una persona.

Se muestra a través de la conducta, de lo que se hace pero no se puede reducir a mero comportamiento. Se estructura en ideas pero el deseo no se piensa. Tampoco se puede reducir a una reacción puramente emocional. Se mueve entre la necesidad, el apego y el amor aunque  no se puede confundir con estos.

Esta frase del Diario sexual de una mujer de 50 años puede reflejar una situación muy frecuente en la menopausia “Me duele no tenerte cuando te deseo pero más sufro cuando te deseo y mi cuerpo no responde”

Aparte de las experiencias y cambios personales, familiares y de pareja, también los niveles hormonales van variando lo que provoca cambios físicos y estados de ánimo y de humor significativos.

Plenitud sexual

Entre los 18 y 45 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona varían a lo largo del mes.

(Búsqueda de sexo y de pareja)

Perimenopausia

Entre los 45 y 52 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona fluctúan irregularmente

(Más preocupación por sensaciones y emociones nuevas. Más cambios de humor y mayor inquietud provocan un deseo fluctuante)

Menopausia Natural

A partir de los 52 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona bajos

(Más preocupación por la salud y el futuro, menor respuesta sexual a los estrógenos y testosterona)

Hay una relación directa entre los cambios hormonales, físicos, la edad, el estado de ánimo y el sexo. No todas las mujeres sufren de forma intensa los síntomas propios de la menopausia pero las que los tienen buscan la forma de aliviarlos.

Se han hecho estudios en America, Europa y Australia en los que se muestran que los cambios más evidentes se producen en la perimenopausia, y coinciden en que baja la sensibilidad,  el deseo y la frecuencia sexual y aumenta la dispareunia o dolor vaginal y los problemas de pareja.

En el centro comprobamos que estos datos coinciden con la realidad cotidiana y a veces son un problema individual y/o de pareja.

La testosterona es la hormona sexual por excelencia y la tienen tanto hombres como mujeres.

El descenso de los niveles de testosterona en la menopausia suele dar estos síntomas:

  • Disminución de la sensación de bienestar
  • Disminución de energía
  • Depresión
  • Cambios en la función sexual como menor deseo, receptividad, excitación y orgasmo.
  • Pérdida del vello púbico
  • Menor resistencia muscular

El descenso de los niveles de estrógenos en la menopausia produce los siguientes síntomas:

  • Sofocos
  • Sequedad vaginal, escozo y dolor en la penetración
  • Alteraciones del sueño
  • Cambios de humor

A los 50 años se ha perdido más del cincuenta por ciento del nivel más alto de testosterona que se suele alcanzar a los 20 años de edad.

Todo esto influye en el nivel del impulso sexual, de la excitación y en la capacidad para alcanzar el orgasmo pero no significa el final de la vida sexual.

La sexualidad cambia con la edad pero no tiene porqué convertirse en problemática.

Preguntas para pensar el sexo:

  1. Cuando has tenido algún problema de alteración del deseo ¿te has planteado las causas o te has dejado dominar por sentimientos negativos respecto a ti misma o a tu pareja?  ¿las causas de tu malestar son físicas, psíquicas, de convivencia y comunicación con tu pareja?
  2. ¿Te has parado un momento a analizar si ha habido cambios en tus relaciones sexuales en los últimos 6 meses?
  3. ¿Estos cambios se deben a problemas con tu pareja o a cambios físicos que hayas ido percibiendo en los últimos 12 meses?
  4. ¿Eres tú la que evita las relaciones o es tu pareja? ¿Has dejado de tomar la iniciativa?
  5. ¿Te sientes apática, aburrida de tus relaciones? ¿tu vida sexual se ha convertido en una rutina?
  6. ¿Te preocupa y tienes ganas de mejorar tu vida sexual y volver a disfrutar como lo has hecho hasta ahora?
  7. ¿Separas los problemas de convivencia de los problemas sexuales?

Nuestra sociedad del bienestar y de la salud transmite el mensaje de que el sexo es bueno a cualquier edad, y es cierto pero también puede ser un problema porque en una relación sexual no sólo se busca el placer también se anhela el contacto afectivo y la comunicación y cuando hay algún tipo de impedimento (sea físico, mental o de pareja) el sexo se convierte en fuente de sufrimiento y de preocupación.

Artículo de Rosario Castaño

El sexo en la sociedad posmoderna

Viernes, 6 de Mayo de 2011

Se esta viendo la necesidad de estudiar la influencia de las nuevas tecnologías y las redes sociales en las relaciones personales y en los comportamientos sexuales.

Tratar de analizar nuestra sociedad actual nos enfrenta con diversas dificultades: Por una parte, la proximidad en el tiempo y la consecuente falta de perspectiva que puede distorsionar los datos a analizar; es difícil reducir lo social a algo abstracto porque uno habla desde su propia diferencia y desde el tiempo que le corresponde.
Por otra, no podemos considerar posmoderno cualquier expresión social por el hecho de ser extravagante, rara o porque ofrece pocas posibilidades de explicación y justificación.

Los medios de comunicación se esfuerzan por transmitirnos la idea de una sociedad global donde todos estamos conectados, pero hay grandes diferencias, no sólo por factores económicos sino también por las no menos importantes diferencias de orden cultural, religioso y social. Un mundo lleno de diversidad donde interactúan países, empresas y personas ubicadas en regiones del mundo muy diversas. Con un solo click tenemos en nuestro hogar el mundo entero y con la ilusión de formar parte de él, conectamos con personas en un espacio en el que la realidad y la virtualidad se confunden, las fronteras entre los lugares y los no-lugares se han diluido, y donde lo fantástico y lo efímero parece gobernar las relaciones personales, podemos estar permanentemente conectados y sin embargo, no tener “nadie a mano” con quien relacionarnos.

Casi sin darnos cuenta nos hemos instalado en la sociedad posmoderna, de la globalización y de:
• El deseo y la individualización (Lipovetsky; 2007)
• El consumo, la velocidad, la decepción (Lipovestsky; 2008)
• Los vínculos frágiles (Bauman; 2003)
• El imperio del cuerpo (Talarn; 2007)
• la sexualidad plástica (Giddens;1995)

Los comportamientos sexuales son muy diferentes a los de otras épocas, lo que no impide que se vivan entre numerosas paradojas y múltiples contradicciones.

1) Las relaciones sexuales se han separado de la integración ancestral de la reproducción, el parentesco y las generaciones (se han cumplido apenas 40 años de la comercialización de los anticonceptivos orales, hormonales, un fenómeno social de gran relevancia) no obstante los significados psicológicos del ciclo de la reproducción, la maternidad y la paternidad* siguen latentes y se ponen de manifiesto cuando se decide que ha llegado el momento de tener hijos; y en el significado psicológico que cada mujer y/o su pareja le da a los anticonceptivos de cualquier tipo, porque no olvidemos que se usan para prevenir embarazos y/o enfermedades de transmisión sexual, y también para practicar sexo con todos los significados psicológicos que conlleva.
*Maternidad/paternidad como impulso a tener hijos y paternal/maternal como impulso a cuidar de las crías.

2) Se tiende a separar el sexo del amor aunque la pareja y la familia siguen siendo muy valoradas. Se busca y se sigue anhelando un amor-pasión para toda la vida, pero con el temor a la dependencia emocional, a ser abandonado o a que el otro dependa excesivamente de uno; a que la elección sea un obstáculo para otras posibles elecciones mejores o impida el desarrollo y la libertad individual.
La forma de conocerse y contactar facilita el encuentro y la despedida, no suelen pertenecer al círculo familiar o habitual, predomina el anonimato lo que facilita los vínculos frágiles, rápidos, idealizados y separados de la vida cotidiana.

3) El sexo se ha convertido en un objeto más de consumo impulsado por un deseo intenso y mágico, con garantía de abandonar en cuanto las ganas desaparezcan, atento a cumplir las expectativas en él depositadas y pendiente de un cuerpo eternamente joven, bello y dispuesto a conseguir “el anhelado gran orgasmo” Hombres y mujeres quieren disfrutar del sexo por igual, mostrándose en todo momento dispuestos, gozosos, divertidos y satisfechos.

4) Jóvenes y mayores aman estar enamorados impulsados por el deseo de desear y de ser deseados, si se quiere un cuerpo joven no es sólo por la belleza, hay necesidad de permanecer adolescente en lo sexual y en todos los aspectos de la vida con una actitud de expectación, de rechazo a la madurez y al envejecimiento, no se quiere asistir al deterioro, agonía y muerte de ese deseo sexual mágico e intenso por lo que las relaciones sexuales se renuevan como una adicción cada vez con un cuerpo nuevo, un cuerpo por conocer.

5) las conductas sexuales se impregnan de sensaciones y emociones físicas a la vez que se despojan de sentimientos y afectos; se da importancia al contacto que dice “estemos juntos mientras las ganas no desaparezcan” y se tiende a anular el vínculo afectivo que reclama “proyecto de futuro”.
Se consumen las relaciones sin tiempo para experimentar tanto los placeres como los sufrimientos, no hay la oportunidad de vivenciar la secuencia “búsqueda-entrega-separación-repensar lo vivido” porque no se vuelve a repetir después de uno o escasos encuentros sexuales.

6) Las relaciones intimas que sólo buscan el placer o reafirmar la identidad sexual no suelen satisfacer las necesidades de reconocimiento, cariño, respeto y ternura, lo que no facilita el desarrollo de los lazos afectivos y suele despertar sentimientos de vacío y estados de humor que nada tienen que ver con estados propiamente depresivos. Hay pérdida pero no duelo, el vacío se transforma en manía, en un estado de humor exaltado o triste que no da lugar a la reflexión sino a la negación defensiva de esa pérdida y a las conductas compulsivas de repetición.

7) El concepto de perversión sexual se ha ido difuminando, todas las conductas sexuales libremente entre adultos pueden ser válidas, no entran dentro de la categoría de perversas sino de pluralidad sexual. La promiscuidad, la pornografía y la prostitución en las redes sociales son cada vez más frecuentes. (hombres y mujeres con una vida normal, aparecen y desaparecen de Internet, donde la pornografía y/o la prostitución son un mero episodio en sus vidas).
*La promiscuidad entendida como la utilización de la pareja sexual como mero objeto para el placer, no como sujeto, no hay una relación intersubjetiva.

(8) El modelo de sexualidad dominante está en crisis. Lo masculino y lo femenino luchan por no coincidir con hombre y mujer; se nos complica saber qué supone ser hombre y ser mujer en la llamada sociedad del riesgo global. Surge el transgénero, la transexualidad, lo queer. Aparecen nuevas y múltiples sexualidades y como consecuencia de esto, numerosos y notorios cambios en la dinámica del deseo.

9) De la revolución moral y sexual de los años 60 del pasado siglo hemos heredado un deseo sexual al que se le otorga el estatus de salvador de la vida intima; se convierte en la palabra mágica que abre las puertas a las emociones; adquiere un prestigio casi embriagador y empieza a ser uno de los verdaderos problemas de la sexualidad actual junto a las expectativas y la procreación.

10) Amor y sexo son dos de las tendencias contradictorias del ser humano que suelen entrar en conflicto, unas veces se separan y otras aparecen juntas a lo largo de la vida de un individuo. Parece que actualmente nos preguntamos ¿Pareja estable o deseo sexual intenso? ¿Tenemos que elegir?.
La pareja estable se vive a la vez como una limitación para las emociones placenteras intensas y como el refugio seguro y más parecido a un hogar. El amor y el sexo pasan a ser la gran mentira y la gran verdad de los seres humanos en una sociedad que siempre está mirando por la ventana de ese refugio amoroso hacia fuera, hacia el otro más bello, más joven y más poderoso que yo.

Es como si hubiésemos hecho un largo viaje desde “una ciudad moderna” estructurada con planos y cartabón y acabásemos de aterrizar en “una ciudad posmoderna y globalizada” construida con múltiples laberintos, y todavía nos sentimos mareados, como en un constante “jet lag” que García Márquez explica de forma muy original “Después de un largo viaje nos sentimos mal porque mientras nuestro cuerpo viaja en avión el alma lo hace a paso de burra”

Rosario Castaño