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“LA TERAPIA SEXUAL. Una mirada relacional”. Nuevo libro de Rosario Castaño

Miércoles, 18 de Enero de 2012

Presentación del libro: próximo viernes 24 de febrero, a las 20:00 horas, en el centro Ágora Relacional (c/Alberto Aguilera nº10,  Madrid.

Librerías en las que podrá encontrar el libro: Psicoterapia Relacional Ediciones

Para obtener más información sobre el libro puede ponerse en contacto con el Instituto Palacios a través de su Web

Sobre la autora: Rosario Castaño

Cubierta_La terapia sexual_Autora_Rosario CastañoEste libro es una introducción al estudio de la sexualidad y el tratamiento de los problemas sexuales partiendo de la base de que el Psicoanálisis forma parte de la mitología occidental, sin embargo ha sufrido grandes transformaciones desde sus orígenes debido a los avances científicos sobre el funcionamiento del cerebro y la motivación del ser humano, así como los nuevos estudios sobre la técnica psicoterapéutica.

Aborda la terapia sexual desde el marco teórico del Psicoanálisis Relacional y de las técnicas sensoriales propuestas por la Sexología clásica. Nos acerca a la sexualidad como un aspecto de la subjetividad y por lo tanto los problemas sexuales han de ser tratados como un aspecto de su vida adulta, pues  la sexualidad “no es la voz de la infancia”, aunque posee ecos del pasado y desde ahí el paciente es un adulto que puede tener un gran potencial humano, capaz de encajar los secretos, conflictos y paradojas que presenta la vida erótica.

El Psicoanálisis y la Sexología han sido dos disciplinas que han transcurrido en paralelo desde principios del siglo XIX. Por una parte,  las terapias sexuales inspiradas en la sexología clásica de Masters y Jhonson y Kaplan, se basan en que las disfunciones aparecen dentro de la relación de pareja y centran el tratamiento en la vida sexual de la misma, los temas sexuales forman parte del “saber de todos los días”, y si no se disfruta del sexo, es porque se ignoran las reglas biológicas, no se ha recibido una adecuada información, la educación sexual ha sido insuficiente o muy restringida, o se debe a problemas de  comunicación de la pareja.

El psicoanálisis por otro lado, podría considerarse como “no-sexología”, Freud no fue un sexólogo, él investigaba sobre psicosexualidad y no concretamente sobre vida sexual. Relacionó el instinto sexual con el instinto de saber, con la curiosidad infantil, dudas y preguntas que el niño se plantea sobre la escena primaria, la diferencia sexual anatómica, el origen de los niños, el nacimiento, o la concepción sádica del acto sexual; sin embargo, esta necesidad de saber suele chocar con el hecho de que la sexualidad  pasa a ser algo que no tiene que ver con “el saber de todos los días” sino con “el saber sobre uno mismo y sobre los otros”.


Rosario Castaño (Alicante, 1957) Es psicóloga clínica, sexóloga y psicoterapeuta de formación psicoanalítica. Desarrolla su actividad profesional como Directora del Departamento de Psicología Clínica y Coordinadora de la Unidad de Sexología del Centro Médico Instituto Palacios en Madrid.

Es miembro de IARPP (International Association for Relational Psychoanalysis and Psychotherapy), de IARPP-España (Sección Española de la Asociación Internacional para la Psicoterapia y el Psicoanálisis Relacional), del IPR (Instituto de Psicoterapia Relacional), del Colectivo GRITA (Grupo de Investigación de la Técnica Analítica), de AEPS (Asociación Española de profesionales de la Sexología), y miembro fundadora de la FEMyS (Fundación Española Mujer y Salud)

A lo largo de su trayectoria profesional siempre se interesó por la clínica en general y por la sexología clínica en particular, participando en investigaciones, congresos nacionales e internacionales y en diversas publicaciones.


La integración de la agresividad y la ternura como factor que activa y mantiene el deseo sexual (Also available in english /2nd part)

Lunes, 4 de Julio de 2011

Congress Title:

Changing psychoanalysis for a changing society: Relational perspectives

IARPP ; Annual Conference

Madrid, June 29-July 2 2011


Rosario Castaño Catalá

La integración de la agresividad y la ternura como factor que activa y mantiene el deseo sexual

Resumen:

El deseo sexual, fue y sigue siendo, el más irrefutable, obvia y unívocamente social (Bauman). Aunque se regula por el placer, la fantasía, la realidad, la experiencia personal, y las respuestas mutuas que la pareja desarrolla dentro de una relación; siempre se siente observado por las normas y prohibiciones del grupo familiar y social de pertenencia, con el que se identifica.

El deseo, la forma de vivir la intimidad, y lo que significa ser mujer o ser hombre en toda relación sexual, son producto de su tiempo, y están en permanente evolución:

a) Para la época de Freud, el sexo era algo degradante, una amenaza para la conducta civilizada; la sexualidad era la expresión de tensiones pulsionales internas, totalmente aislada de las otras dimensiones de las relaciones interpersonales; se estudiaba el sexo, sólo como búsqueda de placer, y sólo se reconocía una libido, la masculina, que solía coincidir con el varón, en una sociedad patriarcal, donde era el único al que se le permitía tener y expresar libremente su sexualidad.

b) En nuestra sociedad postmoderna, de la globalización (Beck, Todorov) y  del “amor líquido” (Bauman) se estudia el sexo como una búsqueda, tanto de placer como de relación entre los sujetos sexuados, que se viven como tales, con todas sus consecuencias que son muchas; entre otras, sus maneras de desear y de convivir como amantes que se encuentran, se buscan, y se desean. En esta sociedad, heredera “del mayo del 68” los modelos usuales de lo masculino y lo femenino, no tienen porque coincidir con el hombre y la mujer y esto tiene consecuencias en la dinámica del deseo, aunque permanezcan aún desconocidas, por ser muy recientes.

En la clínica, hay un aumento de demanda de disfunciones sexuales, entre las que está la falta de deseo sexual. La falta de deseo incide directamente sobre la forma de experimentar placer, no sólo como falta de excitación, también como incapacidad de conectarse emocionalmente con el otro, a quien se evita o se rechaza, impidiendo la comunicación espontánea. Se parte de una vivencia compartida  y de un conflicto personal que surge o se desarrolla dentro de una relación de intimidad; no obstante, mientras el placer se experimenta y se analiza como algo compartido; el sufrimiento, aunque, en interacción con el otro, se tiende a percibir y a analizar como algo personal y aislado.

Las reacciones ante la falta de deseo sexual, se suelen manifestar como sufrimiento en forma de conflicto, dudas y peleas con uno mismo, con un estado de ánimo que, muchos llaman aburrimiento, como algo más ligero que la melancolía y menos peligroso que la tristeza.

Al igual que entiendo el deseo como un dispositivo mental, un estado de ánimo y también como un síntoma de vida, aceptando plenamente el compromiso que supone implicarse en el hecho de vivir, con sus complejidades y sus riesgos, me planteo la falta de deseo sexual como un síntoma, no como clasificación de una disfunción o trastorno sexual; que suele ir acompañada de un estado de preocupación, incertidumbre y angustia.

Me planteo el estudio de la sexualidad desde la integración de dos dimensiones: la sensual y la sexual, entendiendo la primera como expresión de la ternura y la segunda como manifestación de la agresividad; y las relaciones sexuales como la capacidad para desarrollar y mantener estas dos dimensiones permitiendo, por una parte, la integración del self, y por otra, la capacidad de sostener el deseo en relación con el otro.

Todo encuentro sexual está plagado de una mezcla de componentes agresivos y tiernos que la pareja, recién estrenada, suele manifestar de forma espontánea pero, a medida que esa relación va entrando en lo cotidiano, esos mismos componentes se pueden ir disociando, inhibiendo el impulso agresivo que facilita el acercamiento sexual, y matizando los gestos de ternura, con actitudes familiares desprovistas de toda sensualidad; produciéndose, así,  el comienzo de dificultades sexuales dentro de una relación de pareja estable. No es el aburrimiento el causante de la falta de interés sexual, sino la inhibición de determinados impulsos que impiden una vivencia novedosa e intensa de los encuentros sexuales.

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The integration of aggression and tenderness as a factor that activites and maintains sexual desire.

Abstract:

Sexual desire was and remains the most irrefutable, obvious and uniquely social (Bauman). Although regulated by pleasure, fantasy, reality, personal experience and the mutual responses that a couple develops into a relationship, it always feels observed by the rules and prohibitions of the family and social group to which it belongs, with which it identifies.

Desire, the way to live privacy and the meaning of being a woman or a man in any sexual relationship, are a product of its time and they are constantly evolving:

a)    Freud’s epoch: sex was something degrading, a threat to civilized behavior. Sexuality was an expression of internal instinctual tensions, totally isolated from the other dimensions of interpersonal relationships. Sex was considered only as a pleasure-seeking, and only male libido was recognised, which used to match the male in a patriarchal society, where he was the only one allowed to have and freely express his sexuality.

b)    In our postmodern society of globalization (Beck, Todorov) and “liquid love” (Bauman), sex is studied as a search of both pleasure and a relationship between sexed-gendered subjects, which is experienced as such with all its consequences (among others, their way to desire and to live like lovers who meet, seek, and desire each other). In this society, heir “of May 68”, standard models of masculinity and femininity do not have to necesarily match men and women and this has consequences on the dynamics of desire, although they still remain unknown for being very recent.

In clinical practice, there is increased demand for sexual dysfunctions, among which is the lack of sexual desire. The lack of desire has a direct impact on the way to experience pleasure, not only as lack of arousal, but also as inability to connect emotionally with others, who are avoided or rejected preventing from spontaneous communication. It starts from a shared experience and a personal conflict that arises or develops within an intimate relationship. Nevertheless, while pleasure is experienced and analyzed as something shared, suffering tends to be perceived and analysed as something personal and isolated, although in interaction with others.

Reactions to the lack of sexual desire are often manifested as suffering in the form of conflict, doubts and quarrels amongst ourselves, with a mood that many call boredom, like something lighter than melancholia and less dangerous than sadness.

As I understand desire as a mental device, a mood and as a sign of life, fully accepting the commitment that is involved in the fact of life, with its complexities and risks, I consider the lack of sexual desire as a symptom, not as a classification of sexual dysfunction or disorder, which is often accompanied by a state of concern, uncertainty and distress.

I approach the study of sexuality from the integration of two dimensions: the sensual dimension and the sexual dimension, understanding the former as an expression of tenderness and the latter as a manifestation of aggression; and sexual relationships as the ability to develop and maintain these dimensions allowing, on the one hand, the integration of self, and on the second hand, the ability to sustain desire in relation to the other.

Every sexual encounter is fraught with a mixture of aggressive and tender parts that the couple, at the beginning, often manifests spontaneously. However, as that relationship is coming into daily life, those components can be dissociated by inhibiting the aggressive impulse that facilitates the sexual approach. The gestures of affection are clarified with family attitudes deprived of any sensuality, leading to the beginning of sexual difficulties within a stable relationship. Boredom is not the cause of the lack of sexual interest, but the inhibition of certain impulses that prevents from a new and intense experience of sexual encounters.

Keywords:

Postmodern society, globalisation, liquid love, sexual desire, inhibited desire, family and social group, social and sexual changes, tenderness, aggression, sensuality, sexual, self and conflicts.

Learning objectives:

a) The sexual desire always feels observed by the rules and prohibitions of the family and social group to which it belongs, with which it identifies. In clinical practice, there is increased demand for sexual dysfunctions, among which is the lack of sexual desire.

b) Boredom is not the cause of the lack of sexual interest, but the inhibition of certain impulses (tenderness and aggression) that prevents from a new and intense experience of sexual encounters.

References:

  • Bauman, Zygmunt; (2010) La globalización, Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, 5ª reimpresión
  • Bauman, Zygmunt; (2009) Amor Líquido, Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica, 5ª reimpresión
  • Beck, Ulrich; (2006) la sociedad del riesgo, Amor, violencia, guerra. Siglo XXI, España, México, Argentina
  • Bleichmar, Silvia;(2007) Paradojas de la sexualidad masculina. Paidós, Psicología Profunda, Buenos Aires
  • Colina, Fernando; (2006) Deseo sobre deseo, Cuatro ediciones
  • Freud, Sigmund; Tres ensayos para una teoría sexual, tomo II, Obras completas, Biblioteca Nueva, 4ª edición, 1981, Trad. De Luis López-Ballesteros
  • Freud, Sigmund; Sobre una degradación general de la vida erótica. Tomo II, Obras completas, Biblioteca Nueva, 4ª edición, Trad. De Luis López-Ballesteros.
  • Sigmund, Freud; Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, La feminidad. Tomo III, id.
  • Gómez Zapiaín Javier; (2009) Apego y sexualidad, entre el vínculo afectivo y el deseo sexual. Alianza Editorial.
  • Lichtenberg, Joseph; y Shapard, Barbara; (2001) El odio rencoroso y vengativo y sus recompensas, una visión desde las teorías motivacionales. Aperturas psicoanalíticas, Nº 8.
  • Mitchell, Stephen A; (1988) Conceptos relacionales en psicoanálisis, una integración, Siglo XXI editores, edición en español 1993, de la primera edición en inglés 1988
  • Mitchell, Stephen A; (2002) Can love last? The fate of romance over time, W.W. Norton, New York, London
  • Pardo, José Luis; (2004) La intimidad, Pre-Textos
  • Sternberg Robert J; y Sternberg Karin; (2010) La naturaleza del odio. Paidós, Barcelona, México, Buenos Aires
  • Talarn, Antoni (comp.) (2007) Globalización y salud mental. Herder
  • Todorov, Tzvetan; (2008) Wl miedo a los bárbaros, Más allá del choque de civilizaciones. Galaxia Gutenberg, Circulo de Lectores
  • Tubert, Silvia; (2010) La sexualidad femenina y su construcción imaginaria. Librería de mujeres Editoras, Buenos Aires, 2ª Edición

El deseo sexual y la menopausia

Lunes, 9 de Mayo de 2011

En el deseo sexual intervienen varios componentes:

1) El impulso físico modulado por:

-La edad

-La salud física y

-Las hormonas sexuales.

2) La motivación modulada por:

-La salud mental

-Las experiencias previas y

-La calidad de la relación

3) Las normas y prohibiciones del grupo familiar y el grupo social.

El deseo sexual es tanto una experiencia particular subjetiva como un fenómeno psicosocial que va cambiando a lo largo de la vida de una persona.

Se muestra a través de la conducta, de lo que se hace pero no se puede reducir a mero comportamiento. Se estructura en ideas pero el deseo no se piensa. Tampoco se puede reducir a una reacción puramente emocional. Se mueve entre la necesidad, el apego y el amor aunque  no se puede confundir con estos.

Esta frase del Diario sexual de una mujer de 50 años puede reflejar una situación muy frecuente en la menopausia “Me duele no tenerte cuando te deseo pero más sufro cuando te deseo y mi cuerpo no responde”

Aparte de las experiencias y cambios personales, familiares y de pareja, también los niveles hormonales van variando lo que provoca cambios físicos y estados de ánimo y de humor significativos.

Plenitud sexual

Entre los 18 y 45 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona varían a lo largo del mes.

(Búsqueda de sexo y de pareja)

Perimenopausia

Entre los 45 y 52 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona fluctúan irregularmente

(Más preocupación por sensaciones y emociones nuevas. Más cambios de humor y mayor inquietud provocan un deseo fluctuante)

Menopausia Natural

A partir de los 52 años

Los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona bajos

(Más preocupación por la salud y el futuro, menor respuesta sexual a los estrógenos y testosterona)

Hay una relación directa entre los cambios hormonales, físicos, la edad, el estado de ánimo y el sexo. No todas las mujeres sufren de forma intensa los síntomas propios de la menopausia pero las que los tienen buscan la forma de aliviarlos.

Se han hecho estudios en America, Europa y Australia en los que se muestran que los cambios más evidentes se producen en la perimenopausia, y coinciden en que baja la sensibilidad,  el deseo y la frecuencia sexual y aumenta la dispareunia o dolor vaginal y los problemas de pareja.

En el centro comprobamos que estos datos coinciden con la realidad cotidiana y a veces son un problema individual y/o de pareja.

La testosterona es la hormona sexual por excelencia y la tienen tanto hombres como mujeres.

El descenso de los niveles de testosterona en la menopausia suele dar estos síntomas:

  • Disminución de la sensación de bienestar
  • Disminución de energía
  • Depresión
  • Cambios en la función sexual como menor deseo, receptividad, excitación y orgasmo.
  • Pérdida del vello púbico
  • Menor resistencia muscular

El descenso de los niveles de estrógenos en la menopausia produce los siguientes síntomas:

  • Sofocos
  • Sequedad vaginal, escozo y dolor en la penetración
  • Alteraciones del sueño
  • Cambios de humor

A los 50 años se ha perdido más del cincuenta por ciento del nivel más alto de testosterona que se suele alcanzar a los 20 años de edad.

Todo esto influye en el nivel del impulso sexual, de la excitación y en la capacidad para alcanzar el orgasmo pero no significa el final de la vida sexual.

La sexualidad cambia con la edad pero no tiene porqué convertirse en problemática.

Preguntas para pensar el sexo:

  1. Cuando has tenido algún problema de alteración del deseo ¿te has planteado las causas o te has dejado dominar por sentimientos negativos respecto a ti misma o a tu pareja?  ¿las causas de tu malestar son físicas, psíquicas, de convivencia y comunicación con tu pareja?
  2. ¿Te has parado un momento a analizar si ha habido cambios en tus relaciones sexuales en los últimos 6 meses?
  3. ¿Estos cambios se deben a problemas con tu pareja o a cambios físicos que hayas ido percibiendo en los últimos 12 meses?
  4. ¿Eres tú la que evita las relaciones o es tu pareja? ¿Has dejado de tomar la iniciativa?
  5. ¿Te sientes apática, aburrida de tus relaciones? ¿tu vida sexual se ha convertido en una rutina?
  6. ¿Te preocupa y tienes ganas de mejorar tu vida sexual y volver a disfrutar como lo has hecho hasta ahora?
  7. ¿Separas los problemas de convivencia de los problemas sexuales?

Nuestra sociedad del bienestar y de la salud transmite el mensaje de que el sexo es bueno a cualquier edad, y es cierto pero también puede ser un problema porque en una relación sexual no sólo se busca el placer también se anhela el contacto afectivo y la comunicación y cuando hay algún tipo de impedimento (sea físico, mental o de pareja) el sexo se convierte en fuente de sufrimiento y de preocupación.

Artículo de Rosario Castaño

La hormona del deseo.

Jueves, 15 de Abril de 2010

Dr. Santiago Palacios.  Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid. Revista MG.

La mujer y el sexo

Desde hace más de diez años venimos observando una considerable evolución en la forma en que las mujeres perciben y expresan su sexualidad. Cada vez más mujeres mayores de cuarenta años y que tienen dudas sobre su vida sexual acuden a nuestras consultas: les preocupa e inquieta las dificultades y los problemas a los que se enfrentan en su forma de vivir el sexo, ya que lo consideran una parte importante y muy significativa de sí mismas.

Los ginecólogos hemos tenido que estudiar detalladamente el mecanismo de las hormonas femeninas, para así entender el funcionamiento de la respuesta sexual de la mujer.

Las hormonas sexuales femeninas

El estrógeno es la hormona sexual femenina más importante. Suele acompañar a la serotonina, la oxitocina, la dopamina y otras sustancias químicas que ayudan a la sensación de bienestar. El estrógeno va de la mano de la progesterona que, aún siendo ésta menos importante, sirve para regular y contrarrestar algunos efectos de los estrógenos. El estrógeno es responsable de la excitación, de la sensación de bienestar y plenitud, entre otras funciones.

La testosterona es la hormona masculina más característica y es la responsable de la energía física, el humor, el tono muscular, la fuerza y el impulso agresivo. No obstante, también es una hormona segregada por los ovarios y las glándulas suprarrenales de las mujeres (aunque en menor proporción que en el hombre) y su presencia contribuye a despertar el deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres. La testosterona es la responsable de los mecanismos de seducción,  interviene en el juego sexual previo y en la capacidad para atraer y cautivar a la pareja sexual.

La cantidad de hormonas sexuales va cambiando durante la vida de la mujer, alcanzando su plenitud durante la pubertad y su menor nivel tras finalizar la menopausia. Con la edad y debido a estos cambios hormonales,  la vagina se vuelve menos elástica y va perdiendo ese color rosado tan característico, la lubricación va siendo menor y las contracciones del orgasmo también son menos intensas. Se tarda más tiempo en  conseguir  excitación y en llegar al punto crucial del orgasmo, pero no se pierde nunca la posibilidad de experimentar el placer físico sexual.

La respuesta sexual en la mujer

Las mujeres tienen una respuesta sexual a nivel fisiológico muy similar a la de los hombres: experimentan, como ellos, deseo, excitación, orgasmo y por último la sensación de bienestar físico. Sin embargo, existen algunas diferencias que conviene tener en cuenta para entender mejor la sexualidad femenina. Así, en esta respuesta sexual femenina interviene, no sólo la excitación física, genital u objetiva, sino también la excitación subjetiva. Por tanto, los trastornos del deseo sexual o de la libido en la mujer no siempre son debidos a factores biológicos.

Tipos de trastorno sexuales

Para que una alteración sexual se defina como un trastorno, debe causar preocupación personal.

-       Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo: hace referencia a la deficiencia o ausencia recurrente de fantasías, pensamientos sexuales y/o deseo o receptividad a la actividad sexual.

-       Trastorno de Excitación Sexual: incapacidad persistente o recurrente de alcanzar o mantener la excitación sexual suficiente, lo que podría expresarse como falta de excitación subjetiva o genital (lubricación, hinchazón) u otras respuestas somáticas.

-       Trastorno orgásmico: dificultad persistente o recurrente, retraso en o ausencia de orgasmo después de una estimulación y excitación sexual suficiente.

-       Dispareunia: dolor genital recurrente o persistente asociado al coito.

-       Vaginismo: espasmo involuntario recurrente o persistente de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere en la penetración vaginal.

¿Cómo se abordan los problemas del deseo sexual en una Unidad de Disfunción Sexual?

Esta unidad dispone de varios especialistas, tales como sexólogos, ginecólogos, psicólogos clínicos y enfermeras especializadas en terapias sexuales. Se intenta dar una visión global del problema, de tal manera que se puedan estudiar todos los aspectos que afectan, por lo general, a la vida sexual individual y de pareja.

Las pruebas que suelen hacerse en estas unidades no sólo se basan en un examen físico y en técnicas de laboratorio, sino que tienen en cuenta los criterios subjetivos y la salud sexual auto-percibida de la paciente y su pareja sexual. Para ello se recurre a dos cuestionarios, uno sobre función sexual y otro sobre preocupación sexual, además de realizar una entrevista clínica, que es de suma importancia.

Opciones de Tratamientos

Dentro de los tratamientos farmacológicos cabe destacar la terapia de estrógenos, la terapia de testosterona, la tibolona, la medicación contra el dolor y los anti-depresivos. También existen tratamientos físicos locales, como los lubricantes, la fisioterapia y los aparatos para la dilatación vaginal.

En cuanto a los tratamientos psico-sociales, destacaremos el trabajo corporal, la terapia individual breve, la terapia sexológica individual y de pareja y las intervenciones sociales.

Recientemente ha salido al mercado un parche transdérmico de testosterona para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo. Sin embargo, la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) sólo ha autorizado su uso para mujeres a las que se les han extirpado los ovarios (ooforectomizadas) y que, como consecuencia de esta extirpación, no tienen pensamientos ni deseos sexuales, produciéndoles malestar. La dosis diaria recomendada de testosterona para el tratamiento de este trastorno es de 300 microgramos. Para alcanzar esta dosis, el parche se aplica dos veces por semana de forma continuada. El parche debe remplazarse por uno nuevo cada 3-4 días y se deben alternar los lugares de aplicación, dejando un intervalo de 7 días como mínimo entre aplicaciones en una misma zona. Sólo se puede llevar un parche a la vez.

Como puedes ver, existen diferentes opciones muy eficaces para tratar los trastornos sexuales. Contrariamente a como se pensaba hace años, llegar a cierta edad no supone renunciar a vivir una sexualidad madura y plena. Acude a tu especialista, él podrá recomendarte la mejor opción.

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Cuando la falta de deseo sexual es una preocupación

Jueves, 15 de Abril de 2010

Cuando la falta de deseo sexual es una preocupación.

Rosario Castaño.

Un 27% de mujeres europeas, entre 40 y 80 años de edad, manifiestan falta de deseo e interés sexual. El trastorno del deseo sexual hipoactivo es uno de las disfunciones sexuales femeninas más comunes y las que más se consultan en ginecología.

El deseo sexual es, en gran parte, el responsable de que las relaciones sexuales sean atractivas, que se esperen con gran expectación e ilusión los encuentros íntimos con nuestra pareja y  se quiera repetir la experiencia una y otra vez. El deseo nos acerca a la otra persona, aumenta la tensión y favorece la excitación; en esa búsqueda de amor y sexo se encuentra un placer tanto físico como emocional que nos transmite energía, da sentido a la vida y aunque, comprobamos que ese deseo nunca llega a satisfacerse del todo, precisamente, es eso lo que favorece y mantiene la tensión amorosa.

Este deseo sexual tiene influencia en el estado físico y en el estado de ánimo y a su vez, su ritmo va a estar marcado por el estado de salud general tanto física como mental y por la buena comunicación con nuestra pareja.

Cuando alguien dice esta frase castellana tan hermosa “tengo ganas de verte, tengo ganas de sexo contigo” es porque se encuentra lleno de energía, sin embargo cuando se presenta algún conflicto personal o problema de salud, el deseo va desapareciendo y se instala la desgana, parece que relacionarse requiera demasiado esfuerzo y el cansancio físico y mental se apodera y contamina toda la relación.

Vivimos en una sociedad donde se ha establecido la idea de que el sexo es bueno y saludable a cualquier edad, se pueden tener relaciones sexuales satisfactorias durante toda la vida; la sexualidad cambia con la edad pero no tiene por qué convertirse en una sexualidad problemática; en general todo lo relativo a la sexualidad despierta grandes expectativas, sin embargo no es cierto que el sexo sea bueno siempre, a veces es un impedimento y un estorbo, una forma de enfrentarnos a una serie de dificultades y problemas, por eso muchas parejas van evitando o postponiendo lo encuentros sexuales, porque estas relaciones se han ido impregnando de problemas, algunos podrán ser evitables, otos inevitables pero, en todo caso, preocupan y afectan a la buena marcha de la relación.

Hay múltiples causas de inhibición del deseo sexual:

  • Problemas de pareja y de convivencia
  • Pérdida de atracción física
  • Falta de confianza y complicidad con la pareja
  • Preocupaciones personales y familiares
  • Malas experiencias sexuales anteriores
  • La pareja ha dejado de ser un buen amante
  • Pereza sexual
  • Enfermedades crónicas
  • Toma de determinados fármacos
  • Depresión y ansiedad
  • Menopausia quirúrgica
  • Trastornos hormonales en el período de transición a la menopausia y en la menopausia.
  • Problemas de salud o sexuales de la pareja

Se pueden dar alguna de estas causas en cualquier etapa de la vida pero a partir de los 50 años, edad media de la menopausia, es cuando se están dando más casos de divorcio, las mujeres maduras se sienten más seguras y libres a la hora de tomar decisiones, perciben los cambios físicos, saben expresar sus deseos y quieren vivir la vida de una forma más intensa; aparte de sus experiencias personales y de todos los cambios familiares que se suelen dar en este período, también sus niveles hormonales van variando, lo que provoca cambios físicos y psíquicos.

Hay una relación directa entre los cambios hormonales, los cambios físicos, la edad, el estado de ánimo y el deseo sexual. Ellas lo expresan muy bien cuando vienen a consulta, no todas tienen los síntomas propios de la menopausia pero las que los presentan buscan el modo de aliviarlos.

Las mujeres que presentan un trastorno de deseo sexual hipoactivo nos cuentan que notan como si tuviesen el cuerpo anestesiado, no sienten nada, no les apetece acariciar ni ser acariciadas, no tienen pensamientos ni fantasías sexuales, ni espontáneas ni provocadas, no se sienten deprimidas, simplemente no tienen ganas de sexo y además, no entienden el motivo pues no hay problemas con la pareja, están como agotadas, sin fuerzas, sin energía, no se sienten ni femeninas ni atractivas. Les preocupa esa falta de interés sexual porque ven que su relación se va deteriorando y no quieren llegar a la separación.

Una distinción clara:

La testosterona es la hormona sexual por excelencia y su disminución brusca provoca falta de deseo, de energía y de sensación de bienestar.

La falta de estrógeno provoca sequedad vaginal, escozor y dolor en la relación.

Es importante que si tienes falta de deseo sexual y te preocupa, lo hables abiertamente con tu pareja y si lo ves necesario, con tú médico.

Puedes hacerte las siguientes preguntas:

En el último mes:

  1. ¿Cuántas veces he tenido ganas de tener relaciones sexuales?
  2. ¿Me he sentido descontenta por mi poco interés sexual?
  3. ¿Me he sentido totalmente indiferente con respecto al sexo?
  4. ¿Tardaba mucho en excitarme?
  5. ¿Me he sentido decepcionada por mi falta de deseo sexual?
  6. ¿He llegado al orgasmo con facilidad?
  7. ¿He sentido sequedad vaginal y dolor en la penetración?

Hacerse preguntas sobre nuestra actitud sexual y nuestra vida sexual nos ayudará a sentirnos más vivas y con más capacidad de control; es muy frecuente que nos enfrentemos al problema, primero mirando a otro lado tipo “aquí no pasa nada” o bien escondiendo la cabeza tipo “ya se resolverá sólo” y dejemos pasar el tiempo poniendo obstáculos de forma inconsciente pero, el sexo como todo lo delicado requiere que lo cuidemos y lo mantengamos vivo con un buen estado de salud y mucha imaginación.

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